TS.
30-05-2006, 18:02:02
bUENO AMIGOS RECIBI ESTE MAIL DE UNOS DE LOS SENADORES MAS MOVIDOS DE MI ZONA Y A LO MEJOR DEL PAIS, ES EL SEÑOR ALEJANDRO NAVARRO, HACE TIEMPO Q ESTOY EN LA LISTA DE CORREOS DE EL, PERO AHORA DECIDI PUBLICAR ESTE ARTICULO Q ME PARECIO INTERESANTE Y ME GUSTARIA LEER SU OPINION
Nueva LOCE …¡¡ahora!!
Una vez más son los jóvenes los que se encargan de sacudir al país de su modorra conformista, para recordarnos que aún quedan muchas tareas pendientes en el largo camino de la verdadera equidad para todos los hijos de esta tierra.
En esta ocasión son aquellos niños que venían saliendo de las maternidades cuando cuatro generales y sus asesores civiles “aprobaron”, en las postrimerías de la dictadura la hoy famosa Ley Orgánica Constitucional de Enseñanza que, al igual que la Constitución del 80 y todas las leyes de amarre, sólo tenían como objetivo atar de manos a la democracia que comenzaba a reconstruirse, los que nos obligan a asumir temas que no hemos sido capaces de resolver.
Esta ley de última hora buscaba, ni más ni menos, que consolidar la supremacía del mercado en la educación, por sobre la responsabilidad que desde siempre le cupo al Estado, como garante del igualitario acceso a ella. Así se privilegió la libertad de enseñanza y el rol de los privados, entendido como “cualquiera puede abrir su colegio”, por sobre el derecho a la educación para todos los chilenos.
Sin embargo, para ser justos, hay que decir que sobre esta materia tampoco hubo consenso en la democracia. Así, aún cuando siempre existió la intención de modificar esta ley, no hubo un proyecto común que la Concertación propusiera al país. Además, y en el sentido contrario, fue la llamada Comisión Brunner, la que “blanqueó” esta ley de Pinochet para convertirla en una norma “consensuada” por representantes de una parte de la sociedad.
Sin embargo, y pese a ese “consenso”, en el propio informe final de esa comisión se citan algunas observaciones al texto: carencia de una concepción antropológica, sesgo pragmático e inmediatista, ambigüedad en el uso de los conceptos modernización y democracia, carácter lineal y simple del modelo de cambio educativo, ausencia de la definición del rol del Estado en la educación, una tendencia implícita a la desaparición de la educación pública, escasa referencia al rol del Ministerio de Educación y poca importancia de los municipios en el tema.
Por eso, la Concertación debe ser capaz, ahora, de discutir sobre la modificación a la LOCE, aunque no esté en el programa de gobierno de la Presidenta Bachelet, haciendo la autocrítica que corresponda. Ojalá, eso sí, que al momento de debatir sobre las reformas que se requieren no escuchemos mucho a personajes como Joaquín Brunner, que es uno de los responsables de la actual situación, y que hoy nos habla de demandas genéricas, cuando lo que se requiere son cambios estructurales.
Por ser un tema donde la Concertación no tiene sólo una visión, hemos sacrificado el debate en aras del consenso. Debido a eso ante la interpelación de los estudiantes secundarios nos hemos encontrado sin propuestas concretas, lo que sin duda debemos discutir, porque nos permite tener la posibilidad y oportunidad de construir el marco que requiere la educación de los ciudadanos chilenos del siglo XXI.
ALEJANDRO NAVARRO BRAIN
SENADOR
Nueva LOCE …¡¡ahora!!
Una vez más son los jóvenes los que se encargan de sacudir al país de su modorra conformista, para recordarnos que aún quedan muchas tareas pendientes en el largo camino de la verdadera equidad para todos los hijos de esta tierra.
En esta ocasión son aquellos niños que venían saliendo de las maternidades cuando cuatro generales y sus asesores civiles “aprobaron”, en las postrimerías de la dictadura la hoy famosa Ley Orgánica Constitucional de Enseñanza que, al igual que la Constitución del 80 y todas las leyes de amarre, sólo tenían como objetivo atar de manos a la democracia que comenzaba a reconstruirse, los que nos obligan a asumir temas que no hemos sido capaces de resolver.
Esta ley de última hora buscaba, ni más ni menos, que consolidar la supremacía del mercado en la educación, por sobre la responsabilidad que desde siempre le cupo al Estado, como garante del igualitario acceso a ella. Así se privilegió la libertad de enseñanza y el rol de los privados, entendido como “cualquiera puede abrir su colegio”, por sobre el derecho a la educación para todos los chilenos.
Sin embargo, para ser justos, hay que decir que sobre esta materia tampoco hubo consenso en la democracia. Así, aún cuando siempre existió la intención de modificar esta ley, no hubo un proyecto común que la Concertación propusiera al país. Además, y en el sentido contrario, fue la llamada Comisión Brunner, la que “blanqueó” esta ley de Pinochet para convertirla en una norma “consensuada” por representantes de una parte de la sociedad.
Sin embargo, y pese a ese “consenso”, en el propio informe final de esa comisión se citan algunas observaciones al texto: carencia de una concepción antropológica, sesgo pragmático e inmediatista, ambigüedad en el uso de los conceptos modernización y democracia, carácter lineal y simple del modelo de cambio educativo, ausencia de la definición del rol del Estado en la educación, una tendencia implícita a la desaparición de la educación pública, escasa referencia al rol del Ministerio de Educación y poca importancia de los municipios en el tema.
Por eso, la Concertación debe ser capaz, ahora, de discutir sobre la modificación a la LOCE, aunque no esté en el programa de gobierno de la Presidenta Bachelet, haciendo la autocrítica que corresponda. Ojalá, eso sí, que al momento de debatir sobre las reformas que se requieren no escuchemos mucho a personajes como Joaquín Brunner, que es uno de los responsables de la actual situación, y que hoy nos habla de demandas genéricas, cuando lo que se requiere son cambios estructurales.
Por ser un tema donde la Concertación no tiene sólo una visión, hemos sacrificado el debate en aras del consenso. Debido a eso ante la interpelación de los estudiantes secundarios nos hemos encontrado sin propuestas concretas, lo que sin duda debemos discutir, porque nos permite tener la posibilidad y oportunidad de construir el marco que requiere la educación de los ciudadanos chilenos del siglo XXI.
ALEJANDRO NAVARRO BRAIN
SENADOR