woafistico
19-09-2009, 19:57:14
A riesgo que me digan que pongo el parche antes de la herida aclaro algo: "No soy cristiano, ni menos católico, no sigo ningún credo".
Pero como dice el título, hay que ser justos y se critica mucho a la iglesia católica respecto de su papel en la segunda guerra mundial. Por una casualidad encontré bastante material que muestra lo contrario.
Crimenes nazis contra el clero
La actuación vaticana ha sido criticada en numerosas ocasiones sin embargo, existen númerosos ejemplos de miembros del clero que perdieron la vida a manos de los nazis.
En Italia, de acuerdo con el Martirologio del clero italiano, 729 sacerdotes y seminaristas perdieron la vida entre 1940 y 1945. Entre ellos al menos 170 fueron asesinados por ayudar a judios.
En Alemania tan sólo en el campo de Dachau fueron internados 2.794 sacerdotes y religiosos de 21 países, de los cuales 1.734 eran polacos. De los 1.034 eclesiásticos que allí encontraron la muerte, 868 eran polacos.
Entre las martires polacas encontramos a tres monjas:
Sor Ewa Noiszewska y sor Marta Wolowska, quienes fueron fusiladas en Slomin, el 19 de diciembre de 1942, por haber ayudado y protegido a niños hebreos.
Destaca también el caso de Sor Klemensa Staszewska fue asesinada en Auschwitz por haber escondido en el convento a muchachas judías
En Alemania podemos acudir al Martyrologium Germanicum. El nazismo causó en Alemania más de 177 mártires.
Otro caso es el del canónigo de la catedral berlinesa Bernhard Lichtenberg, muerto en prisión por haber celebrado una misa en favor de los judíos, tras la Noche de los Cristales, del 8 al 9 de noviembre de 1938
Por último el de Karl Leisner, el joven sacerdote berlinés arrestado por su fe y muerto en el sanatorio tras haber podido celebrar una sola misa en un campo de concentración .
ernhard Lichtenberg el párroco de la catedral de Berlin
Bernhard Lichtenberg era párroco de la catedral de Berlín en 1932. En 1935 protestó ante Hermann Göring, por las condiciones de vida de los prisioneros del campo de concentración de Esterwegen. Después de la Noche de los cristales (noviembre de 1938), que acabó con la devastación de tiendas, casas y sinagogas de los hebreos, el padre Bernhard comenzó a rezar con los fieles, todas las tardes, en la catedral, por el pueblo hebreo y por todos los perseguidos por el Tercer Reich.
Su púlpito, a un kilómetro de la Cancillería del Führer, resultaba incómodo al nazismo. Amigos y religiosos le advirtieron del peligro que corría. Él siempre respondía: Estoy dispuesto a ir a la cárcel, pero si los sacerdotes no hablan, la gente no sabe qué pensar, con todas las mentiras que esparce la propaganda...
Fue arrestado por la Gestapo el 23 de octubre de 1941, denunciado por dos chicas que habían asistido a las oraciones por los perseguidos. Consciente de que todo escrito personal podría ser utilizado en su contra por los nazis, desde 1933 había dejado de escribir su diario personal. Le traicionaron los libros de ideología nazi que había leído —entre ellos Mein Kampf—. En el margen anotó sus comentarios y críticas. La sentencia fue emitida el 22 de mayo de 1942: dos años de prisión en la durísima cárce.
Una vez que cumplió la pena, su obispo, al visitarle en la cárcel, le recomendó prudencia. Si no criticaba al régimen desde el púlpito, le dejarían en paz; pero el padre Bernhard, que siempre se había opuesto a pronunciar el famoso Heil Hitler, sustituyéndolo por un más sonoro Sea alabado Jesucristo, respondió al obispo con una pregunta: «¿Qué cosa mejor le puede suceder a una persona que morir por la fe católica?»
Declarado «peligro público» por los nazis al no querer aceptar el compromiso del silencio, fue enviado al lager de Dachau. El viaje hacia el campo de concentración acabó con su salud, ya terriblemente debilitada durante los años de cárcel. Murió en el camino, en Hof, en una localidad cerca de la frontera con Checoslovaquia.
En su última carta, desde la prisión de Tegel, el 27 de septiembre de 1943 había escrito: «Todo quiero hacerlo por amor y, por amor, sufrir».
El 17 de diciembre, el campo de concentración de Dachau, al que nunca llegó el padre Bernhard vivió unos de los momentos más emocionantes de su trágica historia: la ordenación sacerdotal de Karl Leisner.
Cinco años antes, el obispo Clemens August von Galen le había ordenado diácono. Debía haber sido ordenado sacerdote poco después de haber recibido el diaconado, pero una incipiente tuberculosis le obligó a internarse en un sanatorio. El joven diácono fue arrestado, a pesar de estar gravemente enfermo, el 9 de noviembre de 1939 por hacer manifestaciones contra el Führer. Después de pasar por varias cárceles por «motivos de seguridad pública» acabó en Dachau, en Baviera. Desde finales de 1940, por orden del mismísimo Heinrich Himmler, jefe de la Gestapo, habían sido encerrados a finales de 1940 más de tres mil sacerdotes en aquel lugar.
Maximiliano Kolbe, amor por sus amigos, en tiempos de crisis
Nace en Zdunska-Wola (Polonia) el 7 de enero de 1894.
Lo bautizan con el nombre de Raimundo.
Su familia es de tejedores. Vivieron en la pobreza, enfermando de tuberculosis. Dos de los cinco hijos mueren, siendo niños aún.
Ingresa a la orden franciscana y allí cambia su nombre por el de Maximiliano.
Su padre es fusilado en 1914 por los rusos.
Estudia en Roma obteniendo el doctorado en filosofía y teología.
Es ordenado sacerdote en 1918.
Es este uno de los mártires modernos.
Murió en la Segunda Guerra Mundial. Había sido llevado por los nazis al terrorífico campo de concentración de Auschwitz.
Un día se fugó un preso. La ley de los alemanes era que por cada preso que se fugara del campo de concentración, tenían que morir diez de sus compañeros. Hicieron el sorteo 1-2-3-4...9...10 y al que le iba correspondiendo el número 10 era puesto aparte para echarlo a un sótano a morirse de hambre. De pronto al oírse un 10, el hombre a quien le correspondió ese número dio un grito y exclamó: "Dios mío, yo tengo esposa e hijos. ¿Quién los va a cuidar?".
En ese momento el padre Kolbe dice al oficial: "Yo me ofrezco para reemplazar al compañero que ha sido señalado para morir de hambre".
El oficial le responde: ¿Y por qué?
- Es que él tiene esposa e hijos que lo necesitan. En cambio yo soy soltero y solo, y nadie me necesita.
El oficial duda un momento y enseguida responde: Aceptado.
Y el prisionero Kolbe es llevado con sus otros 9 compañeros a morirse de hambre en un subterráneo. Aquellos tenebrosos días son de angustias y agonías continuas. El santo sacerdote anima a los demás y reza con ellos. Poco a poco van muriendo los demás. Y al final después de bastantes días, solamente queda él con vida. Como los guardias necesitan ese local para otros presos que están llegando, le ponen una inyección de cianuro y lo matan. Era el 14 de agosto de 1941.
Su familia, polaca, era inmensamente devota de la Sma. Virgen y cada año llevaba a los hijos en peregrinación al santuario nacional de la Virgen de Chestokowa. El hijo heredó de sus padres un gran cariño por la Madre de Dios.
Cuando era pequeño tuvo un sueño en el cual la Virgen María le ofrecía dos coronas, si era fiel a la devoción mariana. Una corona blanca y otra roja. La blanca era la virtud de la pureza. Y la roja, el martirio. Tuvo la dicha de recibir ambas coronas.
Un domingo en un sermón oyó decir al predicador que los Padres Franciscanos iban a abrir un seminario. Le agradó la noticia y con su hermano se dirigió hacia allá. En 1910 fue aceptado como Franciscano, y en 1915 obtuvo en la Universidad de Roma el doctorado en filosofía y en 1919 el doctorado en teología. En 1918 fue ordenado sacerdote.
Maximiliano gastó su vida en tratar de hacer amar y venerar a la Sma. Virgen. En 1927 fundó en Polonia la Ciudad de la Inmaculada, una gran organización, que tuvo mucho éxito y una admirable expansión. Luego funda en Japón otra institución semejante, con éxito admirable.
El padre Maximiliano fundó dos periódicos. Uno titulado "El Caballero de la Inmaculada", y otro "El Pequeño diario". Organizó una imprenta en la ciudad de la Inmaculada en Polonia, y después se trasladó al Japón y allá fundó una revista católica que pronto llegó a tener 15,000 ejemplares. Un verdadero milagro en ese país donde los católicos casi no existían. En la guerra mundial la ciudad de Nagasaki, donde él tenía su imprenta, fue destruida por una bomba atómica. A su imprenta no le sucedió nada malo.
Los nazis durante la guerra, al invadir Polonia, bombardearon la ciudad de la Inmaculada y se llevaron prisionero al padre Maximiliano, con todos los que colaboraban. El ya había fundado una radiodifusora y estaba dirigiendo la revista "El caballero de la Inmaculada", con gran éxito y notable difusión. Todo se lo destruyó la guerra, pero su martirio le consiguió un puesto glorioso en el cielo.
Cuando el Santo Padre Pablo VI lo declaró beato, a esa gran fiesta asistió, el hombre por el cual él había ofrecido el sacrificio de su propia vida. Juan Pablo II, su paisano, lo declaró santo ante una multitud inmensa de polacos.
En este gran santo sí se cumple lo que dijo Jesús: "Si el grano de trigo cae en tierra y muere, produce mucho fruto. Nadie tiene mayor amor que el que ofrece la vida por sus amigos".
Quiera Dios que también nosotros seamos capaces de sacrificarnos como Cristo y Maximiliano, por el bien de los demás.
Fuente: www.ewtn.com
A propòsito de celebrase un año más de su muerte.
Alfred Delp
El 15 de septiembre de 2007 la pastora Annemarie Werner, líder de la iglesia Vaterunser de Berlín, dedicó su sermón a la memoria de Alfred Delp, en el 100º aniversario de su nacimiento. Delp era un sacerdote jesuita que salvó judíos perseguidos por el nazismo.
Había nacido el 15 de septiembre de 1907, hijo de madre católica y padre protestante. A pesar de haber sido confirmado en la Iglesia Luterana, decidió abrazar la fe católica. Como cura jesuita sirvió en distintas parroquias de Münich. Con la ayuda de movimientos clandestinos de resistencia ayudó a muchos judíos a escapar a Suiza.
Junto a su mentor, el cura jesuita Augustin Rosch, difundió su rechazo a cualquier forma de totalitarismo. Su permanente oposición les valió a ambos ser constantemente hostigados por el nazismo.
Luego del atentado fallido contra Hitler del 20 de julio de 1944 Delp fue arrestado por la Gestapo que sospechaba sobre su involucramiento. Fue encontrado culpable de alta traición y sentenciado a muerte en la horca. En los días siguientes a su sentencia los nazis le ofrecieron hacer un trato. Le propusieron liberarlo si renunciaba a la orden jesuita. Delp rechazó la oferta y fue ejecutado el 2 de febrero de 1945.
Fuente: http://www.raoulwallenberg.net/?es/pren ... a.4435.htm
Creo que eso basta por mientras, aunque encontré igual bastante más.
pd: encontré todo esto en el foro www.forosegundaguerra.com
Pero como dice el título, hay que ser justos y se critica mucho a la iglesia católica respecto de su papel en la segunda guerra mundial. Por una casualidad encontré bastante material que muestra lo contrario.
Crimenes nazis contra el clero
La actuación vaticana ha sido criticada en numerosas ocasiones sin embargo, existen númerosos ejemplos de miembros del clero que perdieron la vida a manos de los nazis.
En Italia, de acuerdo con el Martirologio del clero italiano, 729 sacerdotes y seminaristas perdieron la vida entre 1940 y 1945. Entre ellos al menos 170 fueron asesinados por ayudar a judios.
En Alemania tan sólo en el campo de Dachau fueron internados 2.794 sacerdotes y religiosos de 21 países, de los cuales 1.734 eran polacos. De los 1.034 eclesiásticos que allí encontraron la muerte, 868 eran polacos.
Entre las martires polacas encontramos a tres monjas:
Sor Ewa Noiszewska y sor Marta Wolowska, quienes fueron fusiladas en Slomin, el 19 de diciembre de 1942, por haber ayudado y protegido a niños hebreos.
Destaca también el caso de Sor Klemensa Staszewska fue asesinada en Auschwitz por haber escondido en el convento a muchachas judías
En Alemania podemos acudir al Martyrologium Germanicum. El nazismo causó en Alemania más de 177 mártires.
Otro caso es el del canónigo de la catedral berlinesa Bernhard Lichtenberg, muerto en prisión por haber celebrado una misa en favor de los judíos, tras la Noche de los Cristales, del 8 al 9 de noviembre de 1938
Por último el de Karl Leisner, el joven sacerdote berlinés arrestado por su fe y muerto en el sanatorio tras haber podido celebrar una sola misa en un campo de concentración .
ernhard Lichtenberg el párroco de la catedral de Berlin
Bernhard Lichtenberg era párroco de la catedral de Berlín en 1932. En 1935 protestó ante Hermann Göring, por las condiciones de vida de los prisioneros del campo de concentración de Esterwegen. Después de la Noche de los cristales (noviembre de 1938), que acabó con la devastación de tiendas, casas y sinagogas de los hebreos, el padre Bernhard comenzó a rezar con los fieles, todas las tardes, en la catedral, por el pueblo hebreo y por todos los perseguidos por el Tercer Reich.
Su púlpito, a un kilómetro de la Cancillería del Führer, resultaba incómodo al nazismo. Amigos y religiosos le advirtieron del peligro que corría. Él siempre respondía: Estoy dispuesto a ir a la cárcel, pero si los sacerdotes no hablan, la gente no sabe qué pensar, con todas las mentiras que esparce la propaganda...
Fue arrestado por la Gestapo el 23 de octubre de 1941, denunciado por dos chicas que habían asistido a las oraciones por los perseguidos. Consciente de que todo escrito personal podría ser utilizado en su contra por los nazis, desde 1933 había dejado de escribir su diario personal. Le traicionaron los libros de ideología nazi que había leído —entre ellos Mein Kampf—. En el margen anotó sus comentarios y críticas. La sentencia fue emitida el 22 de mayo de 1942: dos años de prisión en la durísima cárce.
Una vez que cumplió la pena, su obispo, al visitarle en la cárcel, le recomendó prudencia. Si no criticaba al régimen desde el púlpito, le dejarían en paz; pero el padre Bernhard, que siempre se había opuesto a pronunciar el famoso Heil Hitler, sustituyéndolo por un más sonoro Sea alabado Jesucristo, respondió al obispo con una pregunta: «¿Qué cosa mejor le puede suceder a una persona que morir por la fe católica?»
Declarado «peligro público» por los nazis al no querer aceptar el compromiso del silencio, fue enviado al lager de Dachau. El viaje hacia el campo de concentración acabó con su salud, ya terriblemente debilitada durante los años de cárcel. Murió en el camino, en Hof, en una localidad cerca de la frontera con Checoslovaquia.
En su última carta, desde la prisión de Tegel, el 27 de septiembre de 1943 había escrito: «Todo quiero hacerlo por amor y, por amor, sufrir».
El 17 de diciembre, el campo de concentración de Dachau, al que nunca llegó el padre Bernhard vivió unos de los momentos más emocionantes de su trágica historia: la ordenación sacerdotal de Karl Leisner.
Cinco años antes, el obispo Clemens August von Galen le había ordenado diácono. Debía haber sido ordenado sacerdote poco después de haber recibido el diaconado, pero una incipiente tuberculosis le obligó a internarse en un sanatorio. El joven diácono fue arrestado, a pesar de estar gravemente enfermo, el 9 de noviembre de 1939 por hacer manifestaciones contra el Führer. Después de pasar por varias cárceles por «motivos de seguridad pública» acabó en Dachau, en Baviera. Desde finales de 1940, por orden del mismísimo Heinrich Himmler, jefe de la Gestapo, habían sido encerrados a finales de 1940 más de tres mil sacerdotes en aquel lugar.
Maximiliano Kolbe, amor por sus amigos, en tiempos de crisis
Nace en Zdunska-Wola (Polonia) el 7 de enero de 1894.
Lo bautizan con el nombre de Raimundo.
Su familia es de tejedores. Vivieron en la pobreza, enfermando de tuberculosis. Dos de los cinco hijos mueren, siendo niños aún.
Ingresa a la orden franciscana y allí cambia su nombre por el de Maximiliano.
Su padre es fusilado en 1914 por los rusos.
Estudia en Roma obteniendo el doctorado en filosofía y teología.
Es ordenado sacerdote en 1918.
Es este uno de los mártires modernos.
Murió en la Segunda Guerra Mundial. Había sido llevado por los nazis al terrorífico campo de concentración de Auschwitz.
Un día se fugó un preso. La ley de los alemanes era que por cada preso que se fugara del campo de concentración, tenían que morir diez de sus compañeros. Hicieron el sorteo 1-2-3-4...9...10 y al que le iba correspondiendo el número 10 era puesto aparte para echarlo a un sótano a morirse de hambre. De pronto al oírse un 10, el hombre a quien le correspondió ese número dio un grito y exclamó: "Dios mío, yo tengo esposa e hijos. ¿Quién los va a cuidar?".
En ese momento el padre Kolbe dice al oficial: "Yo me ofrezco para reemplazar al compañero que ha sido señalado para morir de hambre".
El oficial le responde: ¿Y por qué?
- Es que él tiene esposa e hijos que lo necesitan. En cambio yo soy soltero y solo, y nadie me necesita.
El oficial duda un momento y enseguida responde: Aceptado.
Y el prisionero Kolbe es llevado con sus otros 9 compañeros a morirse de hambre en un subterráneo. Aquellos tenebrosos días son de angustias y agonías continuas. El santo sacerdote anima a los demás y reza con ellos. Poco a poco van muriendo los demás. Y al final después de bastantes días, solamente queda él con vida. Como los guardias necesitan ese local para otros presos que están llegando, le ponen una inyección de cianuro y lo matan. Era el 14 de agosto de 1941.
Su familia, polaca, era inmensamente devota de la Sma. Virgen y cada año llevaba a los hijos en peregrinación al santuario nacional de la Virgen de Chestokowa. El hijo heredó de sus padres un gran cariño por la Madre de Dios.
Cuando era pequeño tuvo un sueño en el cual la Virgen María le ofrecía dos coronas, si era fiel a la devoción mariana. Una corona blanca y otra roja. La blanca era la virtud de la pureza. Y la roja, el martirio. Tuvo la dicha de recibir ambas coronas.
Un domingo en un sermón oyó decir al predicador que los Padres Franciscanos iban a abrir un seminario. Le agradó la noticia y con su hermano se dirigió hacia allá. En 1910 fue aceptado como Franciscano, y en 1915 obtuvo en la Universidad de Roma el doctorado en filosofía y en 1919 el doctorado en teología. En 1918 fue ordenado sacerdote.
Maximiliano gastó su vida en tratar de hacer amar y venerar a la Sma. Virgen. En 1927 fundó en Polonia la Ciudad de la Inmaculada, una gran organización, que tuvo mucho éxito y una admirable expansión. Luego funda en Japón otra institución semejante, con éxito admirable.
El padre Maximiliano fundó dos periódicos. Uno titulado "El Caballero de la Inmaculada", y otro "El Pequeño diario". Organizó una imprenta en la ciudad de la Inmaculada en Polonia, y después se trasladó al Japón y allá fundó una revista católica que pronto llegó a tener 15,000 ejemplares. Un verdadero milagro en ese país donde los católicos casi no existían. En la guerra mundial la ciudad de Nagasaki, donde él tenía su imprenta, fue destruida por una bomba atómica. A su imprenta no le sucedió nada malo.
Los nazis durante la guerra, al invadir Polonia, bombardearon la ciudad de la Inmaculada y se llevaron prisionero al padre Maximiliano, con todos los que colaboraban. El ya había fundado una radiodifusora y estaba dirigiendo la revista "El caballero de la Inmaculada", con gran éxito y notable difusión. Todo se lo destruyó la guerra, pero su martirio le consiguió un puesto glorioso en el cielo.
Cuando el Santo Padre Pablo VI lo declaró beato, a esa gran fiesta asistió, el hombre por el cual él había ofrecido el sacrificio de su propia vida. Juan Pablo II, su paisano, lo declaró santo ante una multitud inmensa de polacos.
En este gran santo sí se cumple lo que dijo Jesús: "Si el grano de trigo cae en tierra y muere, produce mucho fruto. Nadie tiene mayor amor que el que ofrece la vida por sus amigos".
Quiera Dios que también nosotros seamos capaces de sacrificarnos como Cristo y Maximiliano, por el bien de los demás.
Fuente: www.ewtn.com
A propòsito de celebrase un año más de su muerte.
Alfred Delp
El 15 de septiembre de 2007 la pastora Annemarie Werner, líder de la iglesia Vaterunser de Berlín, dedicó su sermón a la memoria de Alfred Delp, en el 100º aniversario de su nacimiento. Delp era un sacerdote jesuita que salvó judíos perseguidos por el nazismo.
Había nacido el 15 de septiembre de 1907, hijo de madre católica y padre protestante. A pesar de haber sido confirmado en la Iglesia Luterana, decidió abrazar la fe católica. Como cura jesuita sirvió en distintas parroquias de Münich. Con la ayuda de movimientos clandestinos de resistencia ayudó a muchos judíos a escapar a Suiza.
Junto a su mentor, el cura jesuita Augustin Rosch, difundió su rechazo a cualquier forma de totalitarismo. Su permanente oposición les valió a ambos ser constantemente hostigados por el nazismo.
Luego del atentado fallido contra Hitler del 20 de julio de 1944 Delp fue arrestado por la Gestapo que sospechaba sobre su involucramiento. Fue encontrado culpable de alta traición y sentenciado a muerte en la horca. En los días siguientes a su sentencia los nazis le ofrecieron hacer un trato. Le propusieron liberarlo si renunciaba a la orden jesuita. Delp rechazó la oferta y fue ejecutado el 2 de febrero de 1945.
Fuente: http://www.raoulwallenberg.net/?es/pren ... a.4435.htm
Creo que eso basta por mientras, aunque encontré igual bastante más.
pd: encontré todo esto en el foro www.forosegundaguerra.com